CaféNor Alejandro Valiente C.

Alejandro Valiente C.

CaféNor

Todos estamos en el mismo barco

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CaféNor es una molinera de café cerca de Santa Ana, en El Salvador. La molinera la construyeron los caficultores locales bajo la dirección de Alejandro, un hombre vinculado a la producción de café desde la época de su bisabuelo, que llegó a la región en el siglo XIX y se quedó. La molinera aún tiene poco tiempo de funcionamiento, pero recibe la visita diaria de los caficultores, que confían su café a Alejandro. El trabajo de Alejandro es muy apreciado por los tostadores de la costa oeste de Estados Unidos, como Stumptown, Four Barrels y Verve.

Un viaje de tres horas desde la capital, San Salvador, nos llevó al molino de CaféNor. La molinera está en una colina rodeada de pinos, y la vista desde el laboratorio de catación —que es como una pequeña cabaña— es excelente, con muy buena atmósfera. Pasamos la noche en una de las casas de Alejandro, cerca de la molinera, rodeada de cafetales. La ubicación de la casa, lugar donde se alojan durante la temporada de cosecha y refinado, también es excepcional: está situada en una pequeña colina y tiene vista al “Trifinio”, el punto donde se cruzan las tres fronteras de El Salvador, Honduras y Guatemala. Las flores de café estaban en plena floración y la zona olía como a jazmín cremoso. “Me siento seguro aquí, rodeado de las granjas de mis amigos”, me dijo Alejandro.

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Conocí a Alejandro a través del blog del tostador sanfranciscano Four Barrel Coffee. Tenía el recuerdo de un café muy sabroso que tomé en Four Barrel llamado El Salvador y por eso lo busqué. En el blog estaba el nombre de Alejandro y algunos episodios, y sentí que quería conocerlo. Ahora que lo pienso, creo que sentí esa “amistad sincera” de la que él hablaba en varias partes del texto. Encontré una cuenta que parecía de él en Instagram y le mandé un mensaje, al que me contestó enseguida y decidimos ir a El Salvador al mes siguiente.

De estatura alta y con un característico bigote, Alejandro tiene el aire de un caballero inglés. Es sencillo pero decente, y cuanto más se le conoce, más te inspira confianza. Su esposa es una persona brillante, habla inglés con fluidez, ya que trabaja en la Embajada de Estados Unidos, y apoya a Alejandro con el idioma y el comercio. Fueron muy amables con nosotros, a pesar de que recién nos conocían. Regresando a Japón volvimos a conversar con Alejandro por Internet ya más tranquilamente.

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Inicio de la comunidad

Mi familia lleva cuatro generaciones dedicándose a la producción de café, desde aproximadamente los años 1800. Es como si llevara el café en los genes. Heredé una plantación de café comercial y la administré. En la década de 1980, las tierras de mi abuelo fueron vendidas y regaladas a la gente del pueblo, y allí también comenzaron a producir café. En aquella época venían varios tostadores extranjeros en busca de café de especialidad. Gracias a ellos descubrí el café de especialidad y decidí dejar mi ciudad natal para trabajar en Caravela (una empresa centroamericana exportadora de café). Trabajé para Caravela cinco años, principalmente en Nicaragua, y también establecí una base en El Salvador. Trabajar para Caravela me dio la oportunidad de adquirir conocimiento y experiencia en cafés de especialidad, y de ponerme en contacto con tostadores de la costa oeste de Estados Unidos, como Four Barrels, a través de un colega que originalmente trabajaba en Stumptown. En el 2017, volví a mi ciudad natal y monté mi propio negocio: CaféNor.

Dice Alejandro que el terreno de su abuelo no era desde el comienzo una plantación de café y que estaba en mal estado, pero Alejandro preparó la tierra de manera constante con la gente del pueblo de modo que se pudo llegar a producir café. Esto se convirtió en el prototipo de la comunidad actual. Más tarde, Alejandro conoció la vanguardia del café de especialidad, y se convenció de que esa era la forma de hacer feliz a su pueblo.

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Calidad y trazabilidad

Quería crear una molinera local especializada en cafés de especialidad, y al que no afectasen los precios del mercado, para contribuir a los caficultores de la comunidad. Algunos de ellos sólo producen cantidades muy pequeñas de café, como 100 kg al año, que, aunque fueran de excelente calidad, hasta hace poco tenían que venderlo mezclado con lotes de café de calidad ordinaria. Ahora esos pequeños lotes los clasificamos por calidad y los vendemos en lotes colectivos. Todos los lotes del grupo son rastreables y se puede ver qué café de cual caficultor contienen. De este modo, el café de los caficultores que sólo pueden producir 100 kg al año, puede llegar a los tostadores con calidad y trazabilidad.

Algunos productores han visto cómo el precio de venta de su café se ha multiplicado casi por diez gracias a esta iniciativa. Entregar los frutos del esfuerzo de los caficultores directamente al tostador y recibir un precio justo por la calidad, hace inmensamente feliz a la población local, tanto mental como económicamente.

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Estamos en el mismo barco

Esta molinera se construyó con materiales de construcción de la zona y con personal local. La molinera y el laboratorio de catación también se alimentan de la electricidad de los paneles solares del tejado. Los tostadores y compradores que nos visitan nos felicitan por este sistema, y la gente de la comunidad se siente muy orgullosa.

Le preguntamos a Alejandro: ¿De dónde viene su sentimiento de compromiso para con la comunidad? Él hizo una pausa, luego se echó a reír y nos dijo: Es natural querer mejorar entre todos.
Fue una respuesta simple y esencial, típica de él.

Esta comunidad es como un barco donde estamos todos. No puedes ser rico solo tú, y no puedes hacerte rico tú sólo por tu cuenta. Quiero ser un buen líder, pero no puedo serlo sin los demás. La clave para fomentar la comunidad es ayudar primero a alguien. La gente a tu alrededor te imitará y se ayudarán mutuamente. Por ejemplo, el otro día se me malogró el auto, y el que me vino a ayudar y se quedó conmigo hasta arreglarlo fue un miembro de la comunidad. También existe una sana competencia entre los caficultores en cuanto a la producción de café, lo que ha hecho que se ponga más amor y pasión en éste. Ésta es una comunidad verdaderamente abierta y pacífica. Por supuesto que también se necesita paciencia. Para hacer realidad algo nuevo hay que explicarlo cuidadosamente a cada persona, pensar por todos y negociar.

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Cuando visitamos la molinera CaféNor fue impresionante. Quiero presentarte a los productores, me dijo Alejandro, y llamó a algunos caficultores del barrio. A pesar de ser domingo, mucha gente se reunió para escucharnos. Ellos también nos hicieron preguntas como qué variedades deseábamos. Alejandro nos dijo que este tipo de oportunidades son muy importantes. Los caficultores querrán cultivar un buen café para ustedes porque han venido hasta aquí, nos dijo. Quedé profundamente impresionado con la relación de Alejandro y los caficultores. Sentí una confianza natural y un aprecio mutuo entre ellos. En medio de tantos caficultores (un señor dinámico, un anciano tranquilo, un joven de rostro infantil, una madre con hijos…), Alejandro debe haber pasado mucho tiempo alimentando cuidadosamente esta comunidad hablando con todos y cada uno de ellos.

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Sobre el futuro

La producción de CaféNor está aumentando gradualmente; con 250 sacos en el 2018, el doble en el 2019 y 1000 sacos este año. La producción máxima de esta molinera es de 2000 sacos y esperamos aumentar poco a poco en el futuro. También estamos trabajando en acciones de trazabilidad y sostenibilidad. Estamos invirtiendo en M Cultivo (plataforma que ofrece a los cultivadores precios justos para sus cerezas de café a través de las redes sociales), y tratando de obtener la certificación de neutralidad de carbono.

Este círculo comunitario se ha extendido también a otras zonas. En un concurso de café me crucé con un productor de Chalatenango, que me dijo: “¿Usted no es Alejandro? Me encantaría trabajar con usted”, y a partir de ahí empezamos a trabajar también con el café de Chalatenango. Él le pasó la voz a sus amigos y familiares, y el círculo sigue creciendo. Yo sólo trabajo en base a amistades honestas y directas.

Alejandro trabaja duro solo para hacer felices a sus allegados. Esta actitud hace que se gane la confianza de la gente y así conoce a más gente. En El Salvador, donde la producción de café continúa cayendo, la expansión de su comunidad tendrá sin duda un fuerte impacto. A nosotros nos pasa lo mismo; a partir de ahora, los tostadores de todo el mundo subirán al “mismo barco” y, junto con Alejandro, allanarán el camino para el futuro de El Salvador.

Texto original en japonés: Ayane Yamada

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