Licoma Raymundo Ayca

Raymundo Ayca

Licoma

El trabajo del café y nuestro orgullo

Licoma se encuentra en el municipio de Inquisivi, entre la capital La Paz y la metrópoli de Cochabamba. Raymundo es un caficultor que radica en Licoma. Según Juan, Raymundo perdió a sus clientes el año pasado (2020) por el coronavirus, y después de pensarlo, se acercó a Juan para pedirle si podía venderle su café a alguien. Juan decidió tener por mientras el café de Raymundo y le dijo: “Lo dejaré hasta que encuentre un comprador”. Dos días después, TYPICA visitó el beneficio seco de Juan y tuvimos la suerte de conocer su café. Por cierto, nos cuenta que Rodolfo de Agua Rica, un productor vecino, al enterarse de que Raymundo le había dejado su café a Juan, sacó el café que presentó en la Copa Presidencial (un concurso internacional que sustituye al COE en Bolivia) y se lo entregó a Juan, pensando que podría venderlo más rápido.

Visitamos a Raymundo y su esposa en su finca para que nos cuenten su historia.

Este año cumplo 38 años. Nos casamos hace 16 años. Antes de dedicarnos a la agricultura fuimos a Buenos Aires, Argentina, a trabajar. Confeccionábamos ropa. Con el dinero que ganamos en Argentina compramos este terreno y lo comenzamos a trabajar hace seis años. Como mi padre también tenía un cafetal, aprendí de él cómo se cultiva el café. El 80% de esta plantación produce café y el 20% produce hortalizas como vainitas (ejotes/judías). El café se vende a mejor precio que otros cultivos, así que mantenemos a la familia con los ingresos del café.

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Su esposa nos cuenta un poco más sobre el cafetal.
La elevada altitud y la moderada pluviosidad hacen que esta tierra sea idónea para el cultivo del café. Siempre comprobamos la calidad del café terminado y hacemos pequeñas mejoras cada año. A diferencia de otros cultivos, el café no puede cosecharse hasta después de tres años de su plantación. Esos tres años son una gran inversión para nosotros. Aunque no se pueda cosechar, hay que cuidar los árboles con esmero. Por eso la alegría de la primera cosecha fue muy grande. El café nos da una alegría que no nos da otra cosecha, como la visita que hoy nos hacen todos ustedes desde el extranjero.

La última vez fue la primera vez que exportamos nuestro café al extranjero. Me alegra mucho saber que los tostadores de Japón lo hayan apreciado. Nunca soñamos que nuestro café llegaría a Japón. Es algo de lo que debemos estar orgullosos. A partir de ahora voy a estar más orgullosa de mi trabajo con el café.

Si a través de la distribución comercial de café podemos no sólo mejorar los ingresos de los caficultores sino también dar más sentido a su trabajo, no hay nada que nos haga más feliz. Fue un momento donde nos dimos cuenta una vez más de que el café tiene el poder de cambiar la vida de muchas personas.

Texto original en japonés: Ayane Yamada

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