GOOD COFFEE FARMS Carlos Melen

Carlos Melen

GOOD COFFEE FARMS

Revolucionando con soluciones realistas

GOOD COFFEE FARMS es una asociación de productores guatemaltecos que suministra café sostenible —procesado sin utilizar agua, electricidad o combustible— directamente del cafetal a los clientes y consumidores. Esta iniciativa que comenzó en Guatemala se ha extendido a El Salvador, Honduras y Colombia.

Su lema es “Cambiemos el mundo con el café”. Esta asociación fue fundada desde cero en el año 2017 por Carlos Melen, un guatemalteco que lleva casi 20 años viviendo en Japón, para abordar fundamentalmente el problema estructural del sector, en que los pequeños productores no pueden salir de la pobreza.

Actualmente hay más de 200 pequeños productores miembros de la asociación. La “revolución” promovida por Carlos, conocido como el “Che Guevara del café”, se vio muy favorecida con su bicimáquina despulpadora (despulpadora en seco) hecha por él. Los caficultores agregan valor al café al descascarar las cerezas pedaleando la bicimáquina y quitándoles el pergamino para lograr los granos de café verde. Gracias a ese mecanismo ellos ahora obtienen ganancias tres veces más que antes. Le preguntamos a Carlos sobre la trayectoria de su vida y los detalles del proyecto.

Ir al fondo del problema

GOOD COFFEE FARMS, que actualmente trabaja con más de 100 tostadores en todo Japón, define el buen café como “aquel que es sostenible en todos los aspectos: con los productores, con los consumidores y con el planeta”. 

Al procesar su café y agregarle valor ellos mismos, los caficultores pueden aumentar sus ingresos y enorgullecerse de su trabajo, mientras que los consumidores pueden disfrutar de sus historias y beber un delicioso café con trazabilidad, y al mismo tiempo, no causa ningún impacto medioambiental en la producción. Los símbolos de esta situación beneficiosa para todos son: Carlos, la bici-despulpadora que él inventó, y el proceso para asegurar la trazabilidad.

La máquina despulpadora es una máquina industrial para quitarle las cáscaras a las cerezas de café cosechadas. Normalmente, la máquina necesita electricidad, combustible y agua para llevar las cerezas de café a la línea de producción para operar. Hay máquinas pequeñas, pero incluso esas no son asequibles para los pequeños productores. En ese sentido, la máquina despulpadora tipo bicicleta, que puede separar la pulpa y los granos verdes de las cerezas de café sin usar combustible, electricidad o agua; es un gran avance.

Con esta máquina, los pequeños productores pueden añadir valor a su café procesándolo ellos mismos. Las despulpadoras convencionales son tan grandes y caras que la mayoría de los pequeños productores no pueden comprarlas y no las necesitan. He visto productores que usan despulpadoras manuales, pero, aunque el trabajo manual es ecológico, económico y no requiere habilidades especiales, es menos productivo. La despulpadora tipo bicicleta fue la mejor manera de eliminar las desventajas de ambos tipos de máquina.

Por mucho café de calidad que cultivaran, los intermediarios y las grandes plantaciones lo compraban barato en forma de cerezas, lo mezclaban con las cerezas de otros productores y los exportaban. No sabían a dónde se exportaba su café ni dónde se consumía, así que muchos productores dejaron de cultivar café porque no podían estar orgullosos de su trabajo.

Y si las llevaban con cáscara (pergamino) a ofrecerlas a los compradores para aumentar sus ingresos, sólo conseguían un precio inferior al de las cerezas. Este sistema, que no permite a los pequeños productores participar en la cadena de suministro y que pretende mantener la estructura dominante de la industria, no sólo en Guatemala, es la causa fundamental de la incapacidad de los caficultores de salir de la pobreza. La falta de acceso a equipos, conocimientos de producción, y a los mercados, ha privado a los caficultores de oportunidades.

Para abrir un hueco en dicha industria, Carlos implementó un sistema que permite la exportación directa a países extranjeros y desarrolló un mercado en Japón. Al conseguir un canal de distribución sostenible que les permite comerciar a un precio justo, la vida de los caficultores que hacen parte de GOOD COFFEE FARMS ha cambiado radicalmente.

Algunos caficultores me dicen entre lágrimas: “No puedo creer que el café que produzco se tome en Japón” o “Esto superó mis expectativas”. Un niño que solía decir: “El cultivo de café es un trabajo feo, jamás quiero hacerlo”, cambió de opinión cuando vio salir a su padre en una página web y en los medios de comunicación. El café tiene el poder de cambiar el mundo.

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Haz lo que sólo tú puedes hacer

El revolucionario de la industria cafetalera guatemalteca, Carlos, nació en 1981 durante la guerra civil de Guatemala que duró de 1960 a 1996. Debido a este conflicto, la familia Melen perdió todo lo que necesitaba para vivir, desde su casa hasta su trabajo, y antes de que naciera Carlos tuvieron que abandonar su tierra natal y mudarse a Ciudad de Guatemala.

Fue un nuevo comienzo desde la nada. Hasta el año 1996, en que su padre consigue un trabajo en PepsiCo, la situación económica de la familia estaba por los suelos. Dividían un huevo cocido en cuatro para compartirlo entre hermanos, sus zapatos tenían hueco y se les veía la punta del pie… Los recuerdos de su empobrecida infancia son el punto de partida de Carlos.

La ciudad de Guatemala, que entonces vivía su “apogeo de pandillas”, tenía graves problemas sociales aparte de la guerra civil. Varias pandillas que habían sido deportadas de Estados Unidos estaban activas y frecuentemente se enfrentaban.

Carlos tiene recuerdos imborrables. Perdió a un amigo delante suyo en una guerra de pandillas. Tanto Carlos como su amigo, alcanzado por una bala perdida en un tiroteo, estuvieron ahí de casualidad.

Las pandillas se acercaban a los adolescentes para aumentar su número de miembros y su poder. A mí también se me acercaron, pero una vez que te agarran ya no tienes escapatoria; no puedes decir que no. Te obligan a elegir entre decir “Sí” o ser herido, y conozco a mucha gente de mi entorno a la que los metieron en problemas. Felizmente no fue mi caso.

Cómo tener esperanza del futuro en su país natal con tales experiencias. El primer sueño de Carlos fue ser piloto. Soñar con el día en que viajara en un avión a algún mundo lejano era una forma de escapar de su realidad.

Pero los Melen no tenían los recursos económicos para pagarle los estudios a Carlos para que sea piloto. Después de terminar la secundaria Carlos había tomado un año de descanso para trabajar y juntar dinero para sus estudios, pero finalmente abandonó su sueño de ser piloto y decidió seguir la carrera de turismo y hotelería en un instituto. 

Fue una mujer japonesa la que cambió el destino de Carlos. La conoció antes de graduarse del instituto cuando hacía prácticas en la Asociación de Turismo de Guatemala. Se hicieron íntimos y Carlos viajó a Japón para visitarla. Tenía 18 años.

Cuando aterrizó en Japón, a Carlos se le pasaron por la cabeza muchos pensamientos.

Fue increíble y maravilloso el paisaje que veía. Lo que más me impresionó fue la seguridad en las calles. No podía creer que los policías no llevaran armas y sólo estuvieran equipados con palos.

Para Carlos, que había vivido su vida escuchando disparos, la paz y la seguridad de Japón eran prácticamente “el cielo”. Carlos se enamoró de Japón como amor a primera vista, y al cabo de un año había aprendido inglés y japonés, y podía comunicarse con los japoneses. Como sólo tenía 18 años no le resultó difícil adaptarse a la vida en un lugar desconocido. La experiencia de tener una pareja y años más tarde ser padre en Japón, le dio un nuevo sentido a su vida.

Pero, a pesar de estar agradecido con su suerte, Carlos no pudo permanecer donde estaba. Se mudó a Tokio para encontrar su misión, porque tenía una pregunta que le rondaba la cabeza: “¿Por qué habré tenido yo tanta suerte?”

Emigrar y construir un hábitat en un país extranjero no es la meta de la vida. Debe haber algo que deba de hacer, algo que sólo yo pueda hacer, pensé. Y me di cuenta de que el único medio de alcanzar eso que buscaba, era el café.

Demostrar respeto por el esfuerzo de los caficultores

Fue poco después de su llegada a Japón que la palabra “café” vino a la mente de Carlos. Y es que cada vez que se presentaba ante un japonés como guatemalteco, le respondían: “¡Del país cafetero! ¿El café de Guatemala es bien rico no?”.

Quizá con el café podría maximizar su valor como guatemalteco. Carlos estaba casi convencido, pero aún era joven y no sabía cómo empezar.

Después de aprender sobre comercio, lanzó en el 2011 DARKS COFFEE —una marca de café de primera calidad— y comenzó a vender en Japón granos de café conseguidos por él mismo.

Como la calidad de sus granos de café verde era alta desde ya, DARKS COFFEE fue bien recibida por los consumidores. Muchos clientes responsables le hacían preguntas como: “¿Tu café es de comercio justo?”, “¿Cuánto ganan los caficultores?”.

Sin embargo, como Carlos estaba en la parte inferior de la cadena de suministro, no sabía lo que ocurría en la parte superior. Contactó a los proveedores japoneses (empresas comerciales) y les preguntó lo que le preguntaron sus clientes, pero sólo recibió respuestas confusas. Al no entender la situación, Carlos se puso en contacto directamente con los caficultores, y al hablar con ellos, sintió fuertemente que debía ir a verificar con sus propios ojos.

La realidad que vi cuando visité los cafetales en Guatemala fue mucho más dura de lo que imaginaba. Los caficultores vivían en la extrema pobreza. Sin embargo, su café se vendía a un precio alto en Japón. Eran víctimas del “lavado verde”. Su producto era vendido como “comercio justo” y “orgánico”, mientras que ellos no ganaban nada de eso. No pude aceptar esa injusticia.

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En el 2013 llevó a Guatemala a 13 empresarios japoneses relacionados con el negocio del café, y esto trajo una nueva misión a Carlos. Cuando llevó al grupo a uno de los mejores cafetales y le preguntó al personal de ahí por su situación actual, comprobando que sólo ganaba lo mismo que otros caficultores pobres.

La bicimáquina despulpadora fue el medio que apareció para solucionar este problema. Tras numerosos prototipos, logró producir su primer café en el año 2017. Los esfuerzos de Carlos y equipo salieron en los medios de comunicación de Guatemala, lo que hizo que varios caficultores se comunicaran queriendo trabajar con él. De las muchas zonas cafetaleras eligió la región de Nuevo Oriente como base de producción para GOOD COFFEE FARMS porque es una zona desconocida y pobre, donde se puede cosechar café de calidad.

Carlos realizó la primera subasta de café en Guatemala en la que se podía ofrecer desde una taza el café hecho con la bicimáquina, con el fin de que los caficultores que participen en el proyecto puedan demostrar los frutos de su esfuerzo y sentirse orgullosos de su trabajo. Los resultados de esta subasta superaron con creces las expectativas. La oferta más alta fue de 660 dólares (USD) por taza. También hubo precios de 500 y 450 dólares (USD), inimaginables en una comercialización normal.

Cambiar la conciencia de las personas era la clave del éxito de este proyecto. Carlos lo sabía desde el principio y les pagó en sus propias manos a los recolectores y agricultores que cultivaron los cafés que fueron comprados en la subasta. Es obvio que a los caficultores les cambió el color de los ojos.

Creo que quienes se enteraron de nuestros esfuerzos a través de los medios de comunicación reconocieron que mi deseo de ayudar a los productores era sincero. Me reconocieron como la persona que revolucionó la industria cafetera en nombre de los caficultores pobres cuestionando la concentración de la riqueza de los grandes cafetales capitalistas.

Después de superar numerosas dificultades, Carlos exportó con éxito su primer café a Japón en el año 2019.

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Japón me cambió

Cada despulpadora de GOOD COFFEE FARMS puede producir unas 20 toneladas de café por temporada (4 meses). La clave para mantener la calidad es el “método japonés”. Ha incorporado métodos japoneses en todo, como los invernaderos de plástico donde secan los granos de café verde procesados, los uniformes blancos, la reunión matutina que se celebra cada mañana, etc.

Este estilo lo llevamos desde hace unos 5 años, desde el primer día hasta hoy, y mejoramos cada día. Aportar disciplina y velar por el cumplimiento de los horarios y las normas hará que cada individuo se sienta más responsable y fomentará la unión del equipo.

Por mí, que conozco la cultura guatemalteca, puedo decir que los japoneses son muy disciplinados y trabajadores, y que para eso sacrifican el tiempo para disfrutar de la vida, especialmente el tiempo para pasar con sus familias; pero, sobre todo, mi asombro y emoción de ver cómo todo el mundo se respeta y mantiene viva su hermosa sociedad, no se ha desvanecido en todos estos más de 20 años.

Aun así, superar las diferencias culturales no debe haber sido fácil. Debe haber sido difícil para Carlos inculcar el estilo de trabajo de los japoneses a su equipo.

La gente que conoce la industria cafetera guatemalteca se sorprende, pero el haber sido pobre de niño me ha acercado a los caficultores. Me consideran como uno de los suyos y me creen mis historias de éxito que les cuento. Por otro lado, también he tenido el honor de cenar con el presidente, el vicepresidente y el embajador de Guatemala; tengo la ventaja de haber visto las dos caras del mundo.

“Si la vida te da limones has limonada”, dice el refrán, y por eso suelo traducirlo a mi palabra favorita en japonés: “Gambarimasho («Hagamos nuestro mejor esfuerzo»)”. Siempre les digo “Hay que arreglárselas con lo que hay. A nosotros la vida nos ha dado café, así que hagamos nuestro mejor esfuerzo con el café”.

Gracias a que vine a Japón aprendí muchas cosas, y a través del café pude cambiar el mundo de mis compatriotas guatemaltecos. Para que el café sea sostenible para todos, y para cambiar el mundo mediante el café, pienso ir ampliando poco a poco nuestras actividades a los continentes de África y Asia.

De pronto, como si resumiera su propia vida, Carlos nos dijo sonriendo: “Les he contado cosas tristes y bonitas; comencé con las tristes así que terminemos con una sonrisa”. Habiendo encontrado un lugar de esperanza en la realidad onírica del “bello Japón”, Carlos tiene fe en la posibilidad de reescribir el mundo.

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