Agricafe Pedro Pablo

Pedro Pablo

Agricafe

Heredar la pasión

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AGRICAFE es uno de los primeros productores de café de Bolivia. Hacen negocios con conocidos tostadores de todo el mundo, y creímos que les sería difícil establecer nuevas relaciones con nosotros. Sin embargo, gracias a la colaboración de muchas personas, nos recibieron con los brazos abiertos. Dicen que, de hecho, es la primera vez en una década que reciben a un nuevo cliente japonés, y, que por consecuencia del Covid-19, eramos los primeros extranjeros que visitan AGRICAFE este año.

Cuando llegamos a la molinera de AGRICAFE, a unos diez minutos del centro de la ciudad de Caranavi y un poco más hacia las montañas, nos sorprendió su aspecto. Era un mundo completamente diferente al de los sencillos caficultores que visitamos el día anterior en la profundidad de las montañas. Unas instalaciones muy bien equipadas. Prácticamente el lugar sagrado de Caranavi.

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Primero saludamos al fundador, don Pedro. Tiene un aire tranquilo, y se puede percibir su decencia y gentileza incluso a través de su máscara. Después de presentarnos nos dijo que lamentaba mucho que tuviéramos que hacer las cataciones en habitaciones separadas para evitar el contagio del coronavirus, y que definitivamente le gustaría hacer las cataciones en el mismo espacio el próximo año. En ese momento quedé convencido de que esa ingenua sensibilidad suya había creado este perfecto mundo de Agrocafe.

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Tras una productiva mañana de cata, la tarde la pasamos en la finca con el hijo de don Pedro, Pedro Pablo, que ahora dirige el departamento de producción. Las instalaciones, situadas en la famosa plantación de Alasitas, son como un complejo vacacional, y uno de sus empleados, que es de Argentina, nos agasajó con un magnífico almuerzo que nunca hubiéramos comido en la ciudad de Caranavi. Pensé en muchas cosas mientras me entregaba a este perfecto imperio de Agrocafe y descansaba de un viaje polvoriento. ¿Cuál será la diferencia entre Agrocafe y los caficultores rústicos? Que Don Pedro tiene un talento especial es cierto, pero la diferencia era demasiada. Decidimos pasar de las instalaciones a las plantaciones y entrevistar a Pedro Pablo.

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Mi padre Pedro fundó AGRICAFE en 1986. Mi hermana Daniela nació en 1986 y yo nací en 1988; es decir mi hermana nació en el año en que lo fundaron. Ahora yo me encargo de la producción y mi hermana de la atención a los clientes. Cuando era joven, AGRICAFE producía café básico, pero hace unos 15 años empezó a producir café de especialidad. Mi padre fue uno de los que trajo la Copa de Excelencia a Bolivia. Ese fue el comienzo de la apertura del café boliviano al mundo. El café es todavía un mundo nuevo comparado con el vino, por lo que pienso que seguirá creciendo.

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Tengo mucho respeto por mi padre. Es sincero con sus clientes y amigos, es religioso y sobre todo es abierto y receptivo a las nuevas tecnologías y formas de pensar. Por eso AGRICAFE nunca se ha quedado atrás y siempre está a la vanguardia. Mi padre también es un mediador entre mi hermana y yo que trabajamos en áreas diferentes. Hace tiempo mi hermana y yo tuvimos un desacuerdo sobre el diseño del logotipo de la nueva colección, y mi padre fue nuestro mediador.

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Nuestra producción es limitada y por eso valoramos las relaciones pequeñas a largo plazo, en lugar de hacer negocios con empresas más grandes o aumentar nuestra clientela. El impacto del coronavirus en las ventas de este año ha sido más o menos nulo; los pedidos de algunos países disminuyeron, mientras que de otros aumentaron.

Para nosotros, el aspecto más importante de la calidad de café, es la “taza limpia”. En los últimos años se han popularizado diversos métodos de refinado y fermentación, pero nosotros valoramos el lavado de taza limpia sobre todas las cosas. El natural no se hace si no entra un pedido. Esto se debe en parte a que el clima de Caranavi no es adecuado para el café natural, y a que los granos tienen que ser descartados si no se purifican con éxito. Para mantener la marca AGRICAFE, no vendemos productos fallidos. Damos mucha importancia a tener cuidado en la producción del mismo producto.

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Cuando empiezo a hablar de café no paro. Trabajar con pasión con mi familia es una bendición. Trabajar lejos de la ciudad es un reto para nuestra generación. Así que tenemos que legar esta “pasión por la sostenibilidad del café” a más personas. En el 2013, el café boliviano estuvo en peligro de extinción por la epidemia de roya. Sin embargo, si seguimos intentándolo, podemos volver a producir café de calidad y compartirlo con el mundo. La sostenibilidad es una intención. En Bolivia, mucha gente no se concentra en el café, sino que produce junto a él hojas de coca y frutas; pero si se tiene una gran voluntad, se puede mantener a la familia y llevar una vida próspera con la producción de café.

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Con fuerza de voluntad, manteniendo su mundo en perfecto orden, dispuestos a cambiar cuando es necesario y a cooperar con nuevas iniciativas como la nuestra, es la actitud que debe haber ayudado a AGRICAFE a desarrollarse hasta ahora. Aquí es donde el cariño de don Pedro por la gente y sus detalles dan frutos.

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Antes de salir del cafetal ocurrió un incidente. El dron que manejaba nuestro camarógrafo desapareció. Pedro Pablo se rió y dijo: “Aquí han desaparecido más de diez drones hasta ahora”, y llamó a varios lugares para que nos ayudaran a encontrarlo. El dron se había atascado en un árbol alto cerca del cafetal, y las personas que trabajaban en la montaña utilizaron cuerdas y otros utensilios para subir al árbol y recuperarlo. El camarógrafo regresó con el dron en mano saltando de alegría y alivio. Todos sonrieron. Pedro Pablo repartió a los trabajadores cerveza de una nevera portátil en agradecimiento, y todos pasamos un bonito atardecer charlando. Seguramente nos recordarán como: “los japoneses que perdieron su dron”. Este tipo de escenas son las que más se recuerdan.

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