Sloane Coffee Teodora Pitis

Sloane Coffee

Teodora Pitis

“Con el café se pueden traspasar fronteras” junto a una familia global

Sloane Coffee es una cafetería de tueste casero con sede en el corazón de Bucarest, la capital de Rumanía. La cafetería está situada en una calle muy concurrida y turistas extranjeros también entran a menudo.

En Bucarest —una ciudad de unos 2 millones de habitantes— hay “unas 100 cafeterías de café de especialidad”. Por lo tanto, la competencia es feroz, pero “por eso es interesante”, dice Teodora Pitis que fundó Sloane Coffee en el 2016. También es la primera mujer de Rumanía con la categoría Q Grader. Ella se ocupa de la importación de granos de café verde y de la formación del personal, como directora general.

Después de trabajar en relaciones públicas, en el 2014 Teodora se introdujo en la industria del café de especialidad y descubrió que su país, Rumanía, era un lugar en el que “aún había mucho por hacer”. ¿Qué habrá detrás de su decisión de establecer un negocio en su país de origen, cuando muchos de sus amigos en el rubro del café trabajan fuera del país, como en Londres o Berlín? Decidí acercarme a su corazón, indisolublemente ligado a la historia rumana.

Crecimiento interno

En el Reino Unido se les dice “Sloane” a los jóvenes de clase alta que viven en las zonas más refinadas. Sloane Coffee, que deriva su nombre de esta palabra, refleja una visión que hace honor a su nombre, desde el espacio hasta el embalaje y los uniformes del personal. La fundadora de la empresa, Teodora, es la mejor encarnación de esta palabra “Sloane” . Desprende inteligencia y dignidad, pero también es algo encantadora y tiene aires de empresaria.

Sloane Coffee, que empezó a funcionar con Teodora y su amigo, cuenta ahora con 12 miembros. Con el aumento del número de empleados, Teodora siente la necesidad de un administrador, pero no piensa traer administradores expertos de afuera. Su política es nombrar a alguien del personal que lleve mucho tiempo en la cafetería y que haya manifestado interés, y brindarle la oportunidad de recibir capacitación si es necesario.

Un ejemplo es nuestra gestora de redes sociales, que ahora es la única responsable de difundir la información en las redes. Llevaba un año trabajando como barista en nuestra cafetería y se ofreció para hacer ese trabajo, así que le enseñé mis conocimientos y experiencias y en seis meses le confié el trabajo a ella.

Uno de los mayores retos y preocupaciones en el proceso de crecimiento del equipo es si se podrá seguir compartiendo la misma visión. Mantener la motivación del personal es fundamental para mantener la calidad de todo el servicio que ofrecemos, desde la relación con los clientes y proveedores hasta los productos que vendemos. Creo que sin capacitar al personal y sin crecer con ellos, el negocio no crecerá.

Parte de la formación del personal consiste en llevarlos a todos cuando exponemos en eventos internacionales de café en países vecinos, como el World of Coffee de Milán. El objetivo es ofrecerles la oportunidad de experimentar el mundo del mercado global y de interactuar con personas que operan fuera del país.

Mi experiencia de haber participado en este tipo de eventos me ha ayudado a dedicarme seriamente a este trabajo. Durante mucho tiempo, en Rumanía, el barista no se consideró un “trabajo serio”, sino un trabajo para personas sin una carrera o para estudiantes.

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Quería “cruzar la frontera”

Rumanía, llamada a menudo de “la vieja Europa”, tiene su historia. La dictadura comunista de partido único que comenzó en 1945, cuando Rumanía fue ocupada por la Unión Soviética tras ser aliada de Alemania en la Segunda Guerra Mundial, duró hasta 1989, cuando la revolución derrocó a la República Socialista Rumana.

Hasta entonces, los ciudadanos no podían viajar fuera de Rumanía a menos que tuvieran una buena razón para hacerlo. Las canciones americanas que pasaban en la televisión las pasaban en rumano. Especialmente durante la última década, cuando se fortaleció el régimen, Rumanía dejó de comerciar con otros países y comenzó a querer cubrir todas sus necesidades él mismo. Es decir, en el pasado fue un país cerrado.

Teodora nació en 1991 y no vivió en primera persona el periodo de “aislamiento” de su país. Sin embargo, el ambiente social aún fuertemente marcado por las huellas de la época comunista sacudía la sensibilidad de Teodora.

No creo que fuera consciente de ello, pero creo que ansiaba conectarme con el mundo fuera de Rumanía. Quizá sea un sentimiento compartido por nuestra generación.

Fue este creciente deseo de interactuar con otras culturas lo que llevó a Teodora a estudiar ciencias de la comunicación en la universidad.

Por ejemplo, si no quieres ser grosero con alguien tienes que conocer su cultura, y si quieres saber lo que pasó hace 100 años, tienes que entender el contexto social de esa época. Mi tema de estudio fue cómo las personas de diferentes crianzas, culturas y entornos pueden entenderse y compartir los mismos sentimientos.

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El potencial oculto de Rumanía

Después de graduarse en la universidad, Teodora comenzó su carrera en el ámbito de las relaciones públicas. Sin embargo, no había suficiente contacto con el mundo exterior, ni un entorno en el que los competidores estuvieran dispuestos a ayudarse unos a otros y compartir conocimientos y experiencias.

Fue entonces cuando Teodora asistió al Festival del Café de Londres, que determinó su camino. Conoció a jóvenes baristas apasionados, a dueños de cadenas de café, a fabricantes de máquinas, a cultivadores que heredaron plantaciones de sus padres, a comerciantes de granos de café verde que viajan por el mundo… Personas de distintos orígenes, con intereses y trayectorias diferentes, estaban sentadas en la misma mesa, hablando con sinceridad y con las mismas aspiraciones. Frente al mundo que había soñado desde pequeña, se dijo casi convencida del camino que seguiría: “sólo tengo dos opciones: hacer este trabajo o no hacer nada”.

No dudó en saltar a un mundo completamente ajeno a su carrera anterior. Teodora empezó abriendo una cafetería pop-up en un gran restaurante con un amigo barista, y fue después de dirigir la cafetería, que fundó Sloane Coffee.

Mientras la mayoría de sus amigos adquirían experiencia en Londres y en otras regiones “avanzadas” en el café de especialidad como Berlín, Países Bajos y Australia, la decisión de Teodora de abrir un tostadero en Rumanía tenía un propósito claro.

Vi un gran potencial a futuro. Debido al largo aislamiento del país, no había cadenas de café establecidas y la cultura del café aún no se había cultivado; me pareció una oportunidad. Era como poder pintar libremente sobre un lienzo en blanco y me entusiasmaba poder ser creativa. De hecho, el café de especialidad fue aceptado sin problemas en Rumanía.

Esto es probablemente el resultado de dirigir su café a personas de todo el mundo desde la fundación de su cafetería, incluyendo su país y toda la UE. Con clientes en más de 20 países, Sloane Coffee ha crecido de forma constante. Actualmente tiene previsto abrir una planta tostadora en Arabia Saudí en el 2023 porque tiene clientes en Oriente Medio que le compran todo su café a Sloane Coffee.

Nuestro sueño a largo plazo es expandirnos a Asia. Creo que los mercados más populares y las regiones con potencial de crecimiento son Oriente Medio y Asia. Elegí ser tostadora más que nada porque quería conectarme con gente de todo el mundo, incluyendo importadores, exportadores y productores de granos de café verde.

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Fascinada por el poder mediador del café

Siempre con el mundo en mente, Teodora también se ha centrado en el comercio directo con los productores desde que fundó la cafetería. Ella misma, que se encarga de comprar los granos de café verde, ha visitado las zonas cafetaleras y ha procurado relacionarse con el mayor número posible de caficultores.

Es que es muy difícil entender el café si no lo ves con tus propios ojos. Si no veo a los productores en la zona cafetalera trato de verlos en algún lugar del mundo, para conversar con ellos y tener una imagen de su situación lo más exacta posible.

Por ejemplo, los productores que conocimos cuando visitamos Guatemala se veían bien agotados. Esto se debe a que tenían que levantarse cada dos horas para cuidar el café para producir lotes de “honey negro” durante aproximadamente un mes. No es lo mismo que secarlo al sol durante un mes.

De este tipo de historias hay muchas, pero la más impactante hasta ahora ha sido la realidad de los pequeños caficultores de Burundi. De cada cafeto sólo se puede obtener entre 240 y 250 g (un paquete pequeño) de granos tostados. Incluso si se junta todo el café de esa plantación, que tiene unos 250 árboles, aún falta para abastecer una cafetería. Por supuesto que es difícil generalizar y depende del país de origen y del productor, pero ese es el resultado de su trabajo de seis meses a un año.

Las cosas han cambiado poco a poco en los últimos tres o cuatro años, pero la mayoría de los cafés, especialmente los buenos lotes, no se consumen en el país de producción. Los rumanos y demás europeos están del lado de los que disfrutan el café. Pero a pesar de eso, muchas personas desconocen el duro trabajo de los productores y creen que el café debería ser más barato. Encima algunos se quejan porque no baja su precio.

No se imaginan el tiempo y esfuerzo que cuesta cultivar el café y hacerlo llegar hasta nosotros cruzando el océano. Parte de nuestro trabajo es decirle a la gente que no tiene la oportunidad de conocer a los productores, lo duro que es el trabajo, y que el café es un lujo, no una simple mercancía. Nosotros tenemos la obligación de cambiar la mentalidad sobre el café.

Me gusta el café, pero no estoy tan obsesionada con él como para desmayarme si no lo tomo. Pienso que me he convertido en una especie de voz de los caficultores porque me he dado cuenta de que el café es un medio que conecta a las personas. Personas que han crecido en diferentes países y culturas independientemente de su origen, edad o continente, pueden convertirse en una familia global fuerte y unida. Creo que el café tiene ese poder.

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De un país cerrado a uno abierto

Los humanos vivimos de alguna manera influenciados por el país, la sociedad, la cultura y la época en que hemos nacido y crecido. Es difícil establecer una identidad sin vernos objetivamente y entender en qué nos diferenciamos de los demás.

Al menos durante unos 20 años desde que nací, hasta aproximadamente el año 2010, todos querían salir de Rumanía en busca de un mundo mejor. Cuando rechazábamos Rumanía, donde todo funcionaba mal, todo lo que había fuera del país nos parecía maravilloso.

Pero en estos últimos diez años, poco a poco eso ha ido cambiando. Visitar otros países y conocer sus realidades, nos ha demostrado que no hay país que no tenga sus problemas. Que los lugares que anhelábamos visitar y las personas que los habitan no eran diferentes a nosotros. Me di cuenta de que lo que marca la diferencia es la voluntad de cambiar la situación y hacer las cosas bien.

Este movimiento de mirarse a uno mismo y descubrir su valor propio, se puede ver también en la industria rumana del café de especialidad. En los últimos años, un número cada vez mayor de cafeterías ha cambiado sus proveedores de granos tostados: de tostadores en el extranjero a tostadores de su región.

Lo vengo diciendo desde hace tiempo, y es que el panorama del café de especialidad en Rumanía es realmente interesante. La competencia es tan feroz que muchas pequeñas cafeterías se centran en la calidad más que en la cantidad y buscan un café de alta calidad y con un carácter distintivo, aunque eso suponga reducir el margen de ganancias. Todas las cafeterías tienen las mejores máquinas y su diseño es cada vez más sofisticado. A quien le interese el café de especialidad, vale la pena visitar Rumanía sólo para experimentar cómo es.

De un país cerrado a uno abierto. Conocerse a sí mismo a través de los demás, ya sea como individuo o como nación, es un camino inevitable para madurar. Sloane Coffee es una ventana al mundo que desarrolla su propia cultura del café y fomenta el sentimiento de orgullo por el propio país.

Texto original en japonés: Tatsuya Nakamichi
Fotos: Victor Arsene

MY FAVORITE COFFEELa taza de café que enriquece mi vida

Uno de mis favoritos es el café que tomo a solas en mi tiempo de privacidad, pensando en la suerte que tengo de poder tomar ese café. Otro es el café que tomo con amigos íntimos en mi cafetería disfrutando sólo el pasar el tiempo juntos.

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